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Soy ingeniera comercial y durante años trabajé en el mundo corporativo. Pero mi vida cambió cuando nació mi segundo hijo, quien tiene parálisis cerebral.
En ese momento tomé una decisión que transformó completamente mi camino: dejar mi trabajo para dedicarme a mis hijos y acompañar las terapias y desafíos que nuestra familia comenzaba a vivir.
Pasar más tiempo en casa también me llevó a cuestionar algo muy cotidiano: los productos con los que limpiamos nuestros hogares.
Comencé a investigar, probar y redescubrir algo que nuestras abuelas ya sabían muy bien: el enorme poder del vinagre y de ingredientes simples para limpiar de forma efectiva.
Lo que comenzó como una búsqueda personal dentro de mi propia casa terminó convirtiéndose en algo mucho más grande.
Así nació La Vinagrería.
Cuando empezamos, casi nadie hablaba en Chile del vinagre como una alternativa real para la limpieza del hogar. Con el tiempo nos convertimos en pioneros en acercar esta forma de limpiar a miles de familias que hoy buscan soluciones más simples, efectivas y conscientes.
Pero La Vinagrería también tiene un propósito muy personal.
Este emprendimiento no solo me permitió crear algo propio desde casa, sino también apoyar el financiamiento de las terapias que mi hijo necesita.
Por eso, detrás de cada pedido hay mucho más que un producto de limpieza.
Hay una historia real.
Hay una familia.
Y hay un proyecto construido con convicción.
Gracias por ser parte de este camino.